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   Semana Santa

 

Aromas de incienso y cera quemada en los días grandes del folclore andaluz

Redacción


Hay procesiones de lujo, austeras, con escenas dramáticas, curiosas y con rivalidades cofrades ancestrales. La Pasión de Cristo convertida en una manifestación de fe y también en un espectáculo propio de las mejores coreografías en las que no falta la ambientación: la música y el silencio, el olor a cera quemada, a incienso y a flores recién cortadas, porque la vida termina y empieza de nuevo. En cada rincón de la provincia, una Semana Santa singular desde el día 1 hasta el 8 de abril.
En una provincia con tanta historia -y casi 150 cofradías- la Semana Santa ha tamizado todos los aconteceres y en ella se refleja desde de la tardía conquista cristiana de Al-Andalus hasta la huida de Gibraltar pasando por la militarización de San Fernando, donde los marinos trasladan a las procesiones su sistema organizativo.
Por eso, contemplando una procesión, no se han visto todas. Desde el siglo XVI, esta manifestación religiosa ha generado esculturas, bordados, música, orfebrería, vestimentas y hasta un modo de llevar los pasos, que forman ya parte del patrimonio cultural más bello de la provincia.
Como en toda Andalucía, la Semana Santa se caracteriza por la sucesión de procesiones de las diferentes hermandades desde el domingo de Ramos hasta el domingo de Resurrección, algunas tan antiguas como la del Mayor Dolor de Jerez, fundada por zurradores, zapateros y curtidores en 1488 o la de la Veracruz de Cádiz que data de 1566 y otras tan multitudinarias como la de La Palma que cuenta en la capital con más de 3.000 hermanos.
Por la solemnidad de los pasos, por el recogimiento del público o por los espontáneos que cantan saetas en medio del silencio, cada procesión es una puesta en escena única y diferente.
En Cádiz no hay que perderse el jueves por la noche el Nazareno y la noche siguiente la Buena Muerte. En Jerez el Prendimiento y la Amargura el miércoles.
Algunas cofradías han optado por recuperar la primitiva austeridad de la Semana Santa, como la del Nazareno de Chiclana o la de Amor y Sacrificio de Jerez, donde los nazarenos caminan en silencio sin banda de música.
Una vuelta a los orígenes de una Semana Santa que se puso barroca en el siglo XVIII, cuando se multiplicaron los pasos y se convirtieron en protagonistas indiscutibles de las procesiones.
Sanlúcar de Barrameda es muy particular por cargar los pasos “al cincho” y utilizar “la chasca”, un instrumento de madera semejante a una castañuela que se utilizar para reiniciar y parar la marcha. Todas las oficinas de turismo de las grandes ciudades cuentan con recorridos y horarios de las procesiones que de forma simultánea recorren el casco antiguo de sus respectivos municipios.
Muchas de ellas están declaradas de interés turístico nacional como las de Jerez de la frontera o Arcos de la Frontera, donde los pasos apenas si caben por las calles estrechas y empinadas, aunque la Junta de Andalucía considera de interés turístico la Semana Santa de una veintena de pueblos gaditanos.
Entre ellos figura la de Alcalá del Valle, donde destaca el Domingo de Resurrección, La Borriquita viviente de Alcalá de los Gazules en la que unos ochenta niños vestidos como hebreos salen en procesión el tradicional domingo de Ramos, abriendo así la Semana Santa.
En localidades gaditanas como Vejer de la Frontera continúa aún vigente la antigua tradición de ofrecer a los nazarenos “roscos”, dulces tradicionales de la tierra, tras la recogida de la procesión en su templo.

 

La Pasión de Cristo vista en los rincones de los pueblos andaluces es un privilegio para los turistas.


 

 


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Nº 59 - Mayo 2008

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